Navegando por youtube pude encontrar por casualidad un video sobre un trapiche en la comunidad de Zoogocho, por lo que puedo ver en el video este trapiche se encuentra bajando de la comunidad de Zoogocho al menos por lo que se observa en el video el trapiche esta cerca de la carretera rumbo a la población de San Andres Solaga allá en la marginada pero sagrada tierra de la Sierra Norte de Oaxaca de dónde fué mi abuelo paterno.
¿Qué es un trapiche ?
Un trapiche se puede decir al menos por el concepto que tengo es un lugar dónde se "procesa" la caña de forma rudimentaria para la obtención de lo que en mi pueblo se le llama "Panela" y en otros lugares piloncillo.
Para algo más técnico pueden visitar la wikipedia en http://es.wikipedia.org/wiki/Trapiche.
Despues de ver el video mi mente viajó aproximadamente hace casi 18 años cuándo yo vivía con mis abuelos maternos en la comunidad de Otatitlán de Morelos, un pueblo ubicado en el rincón de la Sierra Juárez de Oaxaca, a 5 horas de la Ciudad de Oaxaca. Mi difunto abuelo el Sr. Benigno Méndez Chavez fué un campesino que desde su niñez su vida siempre estuvo relacionada con la tierra, el arado, el machete y la coa, su rostro canelo reflejaba las intensas batallas que libraba a diario de sol a sol y algunas otras veces bajo la lluvia en la tierra fértil de la Sierra Oaxaqueña. Recuerdo que mi abuelo tenía un rancho llamado en zapoteco Yac'xên que en español significa “Cerro de Lado “ era llamado así ya que este rancho que estaba ubicado a 2 horas de camino bajando a paso rápido del pueblo estaba en una ladera bajo la montaña, la única forma de llegar a este pueblo era caminando, el camino era amplio pues era transitado por un sin fin de pobladores del pueblo que tenían sus ranchitos en toda la ladera del cerro y el ir y venir diario de sus ranchos hacia el pueblo hizo que con el paso de las decenas de años el camino se ampliara. Recuerdo que mi abuelo junto con 2 de sus hijos varones -ahora ellos viven en USA, uno de ellos se fué hace casi 15 años y el otro hace unos 8 años- desde las 4 ó 5 de la mañana se levantaban ya dispuestos para comenzar su jornada, a esa hora mi abuela la sra. Albina Bautista ya venía de regreso del molino al cual acudía a moler su nixtamal -maiz cocido- para preparar el almuerzo y la comida para su esposo e hijos que partirían mas tarde hacia el rancho, mi abuela se postraba ante el metate para empezar a preparar las tortillas las cuáles hacía a mano, estas tortillas tenían un diámetro de 20 pulgadas mas o menos las cuáles colocaba en el comal que era calentado por leña de madera la cuál era apilada en el patio de la casa de adobe de mis abuelos. Mientras mi abuela preparaba las tortillas hacía al mismo tiempo en el molcajete una salsa llamada “chintesle” tradicional en los pueblos del rincón de la Sierra de Oaxaca y al mismo instante preparaba un café en una de sus ollas ya muy chamuscadas por el sin fin de veces calentadas en el bracero. Mi abuelo ya despierto esperaba sentado en la mesa de la cocinita platicando con mi abuela y escuchando canciones de Javier Solís en un radio ya muy viejo que mi madre adquirió por ahí a principios de los 80s a un grupo de personas de la CFE (comisión federal de electricidad) que acudió una vez a la población hacer estudios para la instalación de la energía eléctrica en las poblaciones. Despues de que mi abuela preparaba el almuerzo para mis abuelos el cuál consistía en unos ricos frijoles con quelites -hierbas- un café de olla endulzada con panela ó piloncillo y unas tortillas de maíz mas su chintesle -salsa- preparaba los tacos a los cuáles untaba su chintesle y frijol molido. Ya como a las 5:30 am mi abuelo junto con mis tíos partían hacia el rancho, el cuál algunas veces lo hacían más temprano cuándo había que llevar a los toros y caballos que ayudarían para exprimir la caña y la carga de la panela hacia el pueblo. La jornada en el rancho empezaba desde temprano, lo primero era el corte de caña, recuerdo que mi abuelo nunca me dejó participar en ese proceso ya que era peligroso primero porqué a veces se encontraban víboras entre los cañales o simplemente por los aguates de las cañas o quizá porqué podría cortarme con el machete. Toda la caña cortada era traída al rancho dónde se encontraba el trapiche, el trapiche era impulsado por 2 toros tal como se puede observar en el video, mi labor a veces era solo arrear a los toros y dar junto con ellos las vueltas al trapiche o a veces meter la caña en el trapiche, cuándo se metía la caña el trapiche la exprimía y sacaba por debajo el jugo que iba a dar a una tina y por el otro lado salía el vagazo que a veces servía como abono para las próximas siembras de caña. Despues de exprimir la caña esta se llevaba a un cazo el cuál era muy grande y era completamente de aluminio pero ya muy chamuscado por el sin fin de veces que se había usado, en este caso se ponía a hervir la caña de azúcar a veces tomaba más de una noche para que se llegara al proceso final, pero en el inter se podían obtener varios productos de la caña de azúcar, uno de ellos era la espuma que era cuándo la caña de azúcar llevaba casi unas 3 o 4 horas hirviendo entonces salía una espuma en la superficie del caso el cuál era una delicia probarlo, en el video al parecer lo que están tomando es la espuma de la caña. Algo padre era la hora de la comida, pues como alrededor del rancho había otros ranchos más, al igual que en las montañas de enfrente había ranchos que pertenecían a pueblos circunvecinos, cuándo en algún rancho llamaban a comer a sus mozos por ahí de la 1 de la tarde, estos lo hacían con un cuerno de toro, lo interesante era que cuándo en alguna parte alguien llamaba a sus mozos minutos despues en todos los ranchos se empezaban a escuchar el “muuuuu” de los cuernos de toros haciendo el mismo llamado.
También como en el rancho se daban diversos frutos como la papaya, el melón, el platano estas se ponían en un cazo aparte y se ponían a cocer junto con la caña de azúcar de la cuál al final se obtenía lo que se conoce como frutas de dulce. También de la caña de azúcar se obtenía el melado que no es más que miel de caña y que servía para untarlo sobre el pan. Como la temporada de caña generalmente empezaba por ahí de Marzo-Junio preparaban aguardiente que es una bebida alcohólica parecida al mezcal y también una bebida llamada tepache muy tradicional en diferentes partes de México, estas bebidas eran preparadas para uso personal y muchas veces se compartían con los visitantes que acudían a la festividad de la Santa Cruz que se lleva a cabo cada año el 3 de Mayo en la población.
El producto final deseado despues de poner el jugo de caña en el cazo erae la “panela” o piloncillo el cuál muchas veces se obtenía despues de haber dejado el cazo con la caña de azúcar hirviendo por mas de una noche, al final de que se hervía bien el jugo de caña este se vaciarba sobre moldes de madera, este proceso era muy peligroso, ya que el jugo de caña era muy caliente y cualquier derrame sobre la piel provocaba quemaduras algunas veces con consecuencias graves, este proceso también nunca me era permitido hacerlo, despues de cierto tiempo que se ponía el melado en los moldes estos se dejaban enfriar hasta que su consistencia fuera dura y estuviera lista para ser forradas, este proceso era fácil pues consistía en apilar los “pedazos de panela” que fueron amoldados en pares de 5 y eran forradas con la misma hoja de la caña, los moldes de madera formaban “panelas” de aproximadamente cilindros con la base mayor de 12 cm de diámetro, una longitud de 10 cm y una base menor de 8 cms también había moldes para panelas pequeñas con la mitad de las dimensiones anteriores. Despues de forrar las panelas en el rancho estas eran llevadas al pueblo ya sea con el par de caballos que tenían en el mejor de los casos y algunas otras veces era cargándolas en la espalda, mi abuelo a pesar de su cuerpo tan delgado era un hombre muy fuerte y a veces se llevaba unos 15 rollos de panela de los grandes que tendrían un peso de mas o menos 20 a 30 kilos -imagínense como cargar un tanque de gas por casi 2 horas de subida- en mi caso me daban cerca de 5 rollos de “panelas” pequeñas con un largo de aprox 50 cm y 8 de diámetro que no pesarían mas de 5 kilos para llevarlas al pueblo, recuerdo una ocasión que me las echaron a la espalda y las cargaba sosteniéndolas con un “mecapal” pero como era de subida todo el trayecto para llegar al pueblo, en el camino se me iban cayendo una por una de tal forma que cuándo llegué al patio de la casa de mi abuela llevaba solo 2 en la espalda y ya todas deshechas, las demas había ido dejando en el camino pues no aguantaba la subida con el peso. Lo padre era cuándo me quedaba en el rancho con mi abuelo y mis tíos, la única luz eran las llamas de la leña que calentaban el caso a unos metros de dónde nos acostabamos en la interperie, el cielo se veía muy “estrellado” una cosa impresionante algo imposible de ver aquí en la Ciudad de México, a lo lejos se escuchaba cantar al tecolote y los grillos y muy a lo lejos un aullido que según mi abuelo era del puma del cuál cuándo lo escuchaba a mitad de la madrugada mi imaginación empezaba a volar y me abrigaba aun más con las cobijas sobre el petate mientras veía al fondo en medio de la obscuridad la sombra de la montaña que nos rodeaba.
Era muy común también los días lunes que había plaza en un pueblo llamado Talea de Castro llevar las panelas para venderlas, muchas veces me tocó acompañar a mi abuelo a la plaza, desde temprano nos levantábamos para ir al pueblo de Talea que se encontraba a casi 3 horas de camino con el caballo cargado de rollos de Panela, mi abuelo también cargaba un canasto repleto de productos pero solo que en su canasto llevaba un sin fin de productos como eran frutas dulces ó melado, maiz ó frijol que las llevaba para vender o para regalar a sus amigos de Talea. Al llegar al pueblo ya había muchos vendedores de diversos productos que se daban en pueblos circunvecinos, algunos vendiendo guajolotes, otros mecapales, algunos otros máiz, frijo, tortillas, manzabas, duraznos, granadas, otros huaraches, sombreros, pan y un sin fin de productos más. Lo primero que hacíamos era buscar un espacio en una de las calles principales en dónde mi abuelo tendía los productos que llevaba y ahi nos quedábamos a esperar a que alguien nos comprara un producto, recuerdo que muchas veces iba la gente de Talea llegaba a compranos y regateaba, yo recuerdo como mi abuelo no convencido -pues me daba cuenta aún a pesar de mis 8 años por el gesto triste en su cara- tenía que aceptar lo que le ofrecían y aún así el aceptaba a petición del comprador que se le entregara el producto a la puerta de su casa, para lo cuál esa era mi función, ir con el mecapal cargando los diversos productos hasta la puertas de las señoras o señores que nos lo compraban.
Al final del día era común visitar a sus parientes y amigos de mi abuelo el cuál el les iba a regalar algunos productos, algunos de sus amigos amablemente nos ofrecían un café y a veces unos ricos frijoles con “tasajo” que era un buen combustible para alistar el camino de regreso a mi pueblo, Otatitlán de Morelos.
Recuerdo la alegría que me generaba el saber que pronto llegaría a casa despues de caminar 3 horas al dar la última curva antes de llegar al pueblo a la cuál se le conoce ahora como las “tres cruces”, desde ahí se divisaba todo el pueblo completo en la ladera del cerro. El atardecer dejaba mostrar el humo que se desprendía de las casas por el uso de la leña de madera que ponía en aviso del comienzo de la cena de los habitantes de cada una de las casas.
Qué viejos tiempos aquellos.. En paz descanses abuelo.
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